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Justificadas protestas por los incumplimientos del servicio de colectivos en la Región

No corre una buena temporada para los miles de platenses que dependen de los medios públicos de transporte para acudir a sus trabajos o a otros tipos de destino. En las últimas ediciones se reflejaron los padecimientos que atraviesan quienes, por inexistencia del servicio ferroviario, se ven obligados a viajar en micro a la capital federal. Y ahora surgieron evidencias de las dificultades que enfrentan los pasajeros que toman los micros locales que, con sus frecuencias de verano- es decir, con una ostensible merma en la cantidad de unidades a cargo del servicio- los obligan a realizar largas esperas en las paradas.

Tal como se informó en este diario, el transporte de pasajeros mantiene desde el arranque del año, siguiendo así una política que se adopta todos los veranos, un esquema de frecuencias más espaciadas, en perjuicio de quienes requieren una prestación más eficiente. Los usuarios protestan porque deben cumplir con las mismas obligaciones laborales que en el resto del año, pero cuentan con un servicio de micros reducido.

Como se ha dicho, desde las empresas se alega que durante la temporada veraniega ocurre la reducción de servicios porque es la época en que muchos choferes se toman vacaciones, aprovechándose esa circunstancia para mandar las unidades al taller, o hacer revisiones técnicas que son reglamentarias. En esas líneas se aseguró que las frecuencias bajan entre un 10 y un 20 por ciento, acomodándose cada una de ellas al personal y a las unidades disponibles.

Algunos usuarios pusieron en duda el porcentaje de reducción de unidades admitido y argumentaron que, como fondo de la cuestión, se encuentran los subsidios que las empresas reciben del Estado, ya que existe como condición de la continuidad de ese apoyo que garanticen no menos del 80 por ciento de los servicios.

Lo concreto es que, con que con este esquema de verano, en algunas bandas horarias abordar un micro puede convertirse en una proeza. El inconveniente es que en los horarios nocturnos las frecuencias se estiran todavía más y después de las nueve de la noche llegar al hogar tras de una jornada de trabajo pasa a ser una hazaña. Ni hablar los fines de semana, cuando se achica la frecuencia todavía más.

Como fondo de la cuestión, debe señalarse que bajo ningún pretexto pueden permitirse defecciones, retaceos o demoras en la prestación de un servicio público, que resulta esencial para la calidad de vida de la población. Los usuarios sólo merecen la más íntegra y puntual de las prestaciones, a lo largo de los doce meses del año.

Es obvio que las empresas de transporte deben buscar fórmulas que las hagan mantener un ritmo de frecuencias acorde a la demanda que plantea el universo de los pasajeros. Ningún servicio público puede alegar circunstancias de tipo estacional, para intentar justificar algún tipo de incumplimiento. La necesidad y el derecho de un solo pasajero son tan respetables como los de miles.

Es imperioso, por consiguiente, que las autoridades hagan lo que corresponda para que se vea asegurado en la Región, por parte de las empresas del transporte de pasajeros, el cumplimiento de una prestación confiable y eficiente, tanto en lo que se refiere a los horarios como a la certeza de los recorridos programados.

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