Nacionales

Bariloche: Fatalidad inexorable

image_content_7761260_20161104125415

Opinión. El panorama de la semana en Bariloche por Daniel Marzal.

Muchas veces los gobiernos municipales argumentan que el nivel de pobreza depende de “la macroeconomía”, en la que poco o nada influyen las medidas del gobierno local.

Seguramente es así, pero hay excepciones. Por ejemplo la fijación de tarifas del transporte urbano. En ese rubro el intendente Gustavo Gennuso no se anduvo con vueltas y ya convalidó este año aumentos por el 60%. Hasta abril el boleto mínimo era de $8, en mayo 10,20 y a partir de la próxima semana trepará a 12,80. El rango de la suba supera por lejos la inflación reconocida para el período y también el ajuste anual en los sueldos que el municipio concedió a sus empleados.

El transporte público es utilizado en mayor medida por sectores de bajos recursos. Con el tarifazo en cuestión el municipio contribuyó a acentuar la regresividad en la distribución del ingreso.

Las resoluciones municipales que conceden aumentos del boleto no suelen incluir las razones técnicas ni la estructura de costos que los justifican.

Igual no deja de sorprender la colección de eufemismos y frases crípticas empleadas en este caso. El instrumento legal firmado por Gennuso dice: “existiendo una estructura de costos expuesta en el informe técnico desplegado por el área con incumbencias y atribuciones (…), corresponde se resuelva la actualización tarifaria que permita la continuidad del servicio de transporte urbano de pasajeros bajo parámetros económicos actualizados y ajustados a la realidad económica, de manera tal de sustentar la viabilidad del mismo”.

Con una suba de ese calibre urgían mayores explicaciones, pero el gobierno prefirió obviar esa minucia. Envalentonado por la escasa reacción y la menguada asistencia a la audiencia pública, formalizó las nuevas tarifas sin decir nada más, como si fuera un destino inexorable.

Subir